ex_dones, el eslabón perdido entre el feminismo y el esperpento: 25-sep-2007

martes, 25 de septiembre de 2007

isabel y la furia médi-áti-ca


El mundo televisado arde estos días por las fotos de una campaña publicitaria que ha osado exhibir en las calles italianas el cuerpo famélico de Isabelle Caro, esta chica que sonríe y mira a la cámara dulce y segura. La campaña reza "no anorexia" y va firmada por el siempre polémico (habitual de benetton) Toscani. Vaya lata, otra vez aguantar los cacareos de médicos, madres de enfermas, publicistas y tantas putas mediáticas,...
Este verano volví a leer el artículo de la doctora Paloma Gómez en el libro "Piel que habla" (Icaria). Hace cinco años tuve la suerte de conocer a esta mujer, viajé a Valencia para entrevistarla para un reportaje que estaba preparando sobre trastornos de la alimentación. Sus palabras lo empaparon todo y ya no he vuelto a creerme nunca más casi nada de lo que oigo sobre esta enfermedad con la que al sistema médico le encanta tratarnos a todas las mujeres como a estupidas.
La presidenta de una asociación de madres contra la anorexia ha dicho en Italia: esa chica tenía que estar hospitalizada, no posando por ahí para campañas de publicidad. Paloma denuncia que ningún enfermo recibe un tratamiento tan humillante y violento como el que se dispensa a estas chicas. Encierro, alimentación forzosa, correas al rededor del cuerpo. Y, sobre todo, quedan desautorizadas por sus madres, por los médicos, por los masa media, para explicarse a si mismas. La escusa es siempre la misma: ellas son unas manipuladoras natas y tremendamente tozudas, por eso son capaces de mantener su ayuno durante años contra viento y marea.
Estos brutales tratamientos empezaron a ser aplicados en el siglo XIX y los mismos médicos reconocen que no funcionan, que las chicas empeoran ante tanta represión. Paloma dice que los médicos varones -por que las eminencias en esta materia son hombres- se sienten muy desafiados ante la fuerza de voluntad de una mocosa. Porque algo está claro, se trata de mujeres de inteligencia sobresaliente. Como Isabelle, que anda por ahí posando y exhibiéndose porque tiene una formación apabullante. Es licenciada en arte drámatico, profesora de teatro, patinadora artística de competición, bailarina clásica, su experiencia sobre el escenario es tan extensa que cuesta creerse que sólo tenga 27 años. Y dice que está harta de esconderse, que sufre por su enfermedad, que ha conseguido estabilizarse aunque a penas coma, pero que no quiere recluirse ni que la encierren.
Se muestra sensual frente a la cámara en una playa, ironiza sobre su delgadez extrema posando en contrapicado con los ojos pintados de rojo, se retrata en el bosque como un duende esquivo. Dice amar la naturaleza, los días de sol y que sus ganas de vivir son inmensas. ¿Por qué compadecerla, por qué tratarla como a una tarada?
Los primeros casos de anorexia nerviosa datan del siglo I dc en el imperio romano. Fueron recogidos por Metrodora, una médica que ya entonces esbozó los rasgos que serían aplicables hoy. Durante la edad media muchas aspirantes a monjas que sus familias querían casar a toda costa practicaron el ayuno permanente. Durante el siglo XIX en la Inglaterra victoriana la anorexia se extendió como una plaga entre las jóvenes casaderas. Así que esta "verdad" que nos cuentan de que las mujeres, tan flojas e influenciables, dejamos de comer para emular a las top-models se desmorona revisando un poquito la historia. Porque, que yo sepa, el módelo de belleza femenina del siglo XIX aplaudía las carnes y Kate Moss no tiene dos mil años.
Paloma Gómez asegura que la anorexia nerviosa es una rebelión contra la feminidad impuesta, contra el mandato que encadena irremediablemente a las mujeres a la maternidad y al cuidado de los otros. Otro dato interesante: la anorexia sólo se da en sociedades cristianas. Ni las mujeres musulmanas, ni las japonesas, ni las judias residentes en paises de mayoria cristiana, desarrollan anorexia. Interesante.
Muchas santas fueron anoréxicas, pero no para ofrecer su martirio a dios. Cuando el padre y la madre de una de estas jovencitas, siendo todavía niñas, pretendían casarlas con un hombre al que ni conocían, ellas dejaban de comer. Así su cuerpo se secaba, no tenían tetas ni muslos para cobijar los futuros vastagos de sus esposos, desaparecía su menstruación. Ya ningún hombre las quería desposar porque no podían engendrar ni cuidar a nadie. Como Santa Agueda le ofreció sus tetas rebanadas a su padre y le dijo: ahora cásame. Como órdenes enteras de monjas se cortaban la nariz para vivir traquilas en sus conventos alejadas de las ciudades y ahuyentar a los violadores. ¡Me encanta imaginármelas felices, sin ningún hombre que las molestase, cuidando su huerto! Seguro que ellas se encontraban atractivas, la monstruosidad como vía de escape.
Lo que las mujeres hemos llegado a hacer para librarnos de la autoridad masculina y trazar nuestro destino nunca dejará de sorprenderme.
Por eso molesta ver a Isabelle desnuda, confiada. Ninguna mujer va a dejar de alimentarse por ver estas fotos. Y quizá algunas anoréxicas tengan un ejemplo positivo de alguien que padece el mismo trastorno que ellas y que intenta vivir con dignidad y esto les ayude a combatir toda la victimización brutal que se les dispensa. Nadie mejora si se le trata como a una imbécil.
Ella mira a la camara y sonríe: existe. Con su formación de superdotada, con su amor a la naturaleza, con sus miedos, con sus ilusiones. Como cualquiera.